Eres mi hogar,
donde reposan mis libros viejos
y el sofá guarda la huella de mi codo.
El lugar
en que me pierdo,
me reencuentro
y me acomodo.
Donde el olvido
se hace nuevo
y vuela el tiempo.
Donde no hay miedo,
ni dolor,
ni sufrimiento
sin su silencio.
Eres la ceniza
de pasiones desgastadas,
dispersa en fuegos nuevos;
el rescoldo
que se niega a extinguirse.
El ascua que espera otro leño.
Eres mi hogar
y mi destierro.
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