Hoy duelen de nuevo
los silencios,
y el eco del propio pensamiento
rebota sonoro
en el vacío del sentimiento.
Hoy supuran
las viejas cicatrices
sin sutura
sus fétidos humores.
Hoy la desolación
asola de nuevo la soledad
en susurros silentes.
Y la sal de las lágrimas
sabe a bálsamo dulce
frente a tanto dolor.
Ya no asomará
la luna a saludarme
con su polvo de estrellas
salpicando el índigo y cobalto
que pintaba mis noches.
Ni veré caballitos de mar,
ni caracolas,
ni sirenas
cabalgando a lomo de las olas.
No trotarán los unicornios,
ni crecerán las amapolas
en los yermos campos
del desconsuelo.
Ya no hay aves fénix
que me alcen al vuelo.
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